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Adios
Ma. Concepción Álvarez Vázquez
Adios
No hay palabra ms triste y difcil que la que se dice con cinco letras

 

 

No hay palabra ms triste y difcil que la que se dice con cinco letras.Adis.

 

Se ha ido, la sensacin nos envuelve casi sin dejarnos respirar. Ya no est a nuestro lado, es difcil aceptar que esa persona que tanto ambamos nos haya dejado. Haba tanto que decir, tanto que hacer, si hubiramos sabidoesta vivencia irremediable hace que el dolor que nos atraviesa el alma sea profundo, que nos lastime como una tremenda llaga

Al ser humano le duele lo que ama y cuando pierde a esa persona, elabora un proceso doloroso; el duelo duele, por tanto, la manera de salir avante es viviendo ese proceso; no se trata de evadirlo sino de enfrentar ese dolor y sufrimiento que esto conlleva: Mientras ms te Amo, ms me duele perderte.

He aqu una frase de V. Frankl que deberas grabar en tu memoria y recordarla en momentos difciles cuando ms sola te encuentres porque ilumina mucho el problema por el cual ests pasando. Dice as:

 

No es la carga la que nos vence,

Sino el modo como la llevamos

Lo inevitable no lo podemos suprimir ni cambiar, lo que si podemos cambiar es nuestra actitud. Un canasto mal cargado puede resultar imposible llevar sobre nuestros hombros; pero bien acomodado, es posible que lo puedas llevar hasta con facilidad. El peso es el mismo. La forma de cargarlo te facilita o te imposibilita transportarlo.

Hay sufrimientos graves por s mismos (una enfermedad incurable, condenada a una cama de hospital, un divorcio, una cadena perpetua, etc.) sufrimientos para algunos insignificantes, pero quien los padece le resultan muy pesados, la vida se vuelve insoportable.

El dao ms grave que causan muchos de estos sufrimientos no es tanto el dolor fsico o moral en s mismo, sino el Adis definitivo a la esperanza de que todava hay una oportunidad de hacer algo.

La vida sin esperanza no es vida. Es el tormento de Ssifo: empujar una piedra redonda cuesta arriba hasta lo alto de una colina para que de ah la piedra ruede hasta abajo, y volverla a subir para que vuelva a caer, y as indefinidamente

Vivir y crecer es ganar y perder. Todos lo das nos enfrentamos a cambios, a formas diferentes de hacer las cosas: quiz lo que nos funcion en alguna etapa de nuestra vida, ahora en estos momentos ya no sirva. Estos son los ciclos vitales que convierten la vida en un proceso dinmico y cambiante.

La vox populi tiene un refrn que dice ms o menos: Dicen que las prdidas no duelen. Dile a quien te lo dijo que se despida.

Las despedidas ms tristes son, desde luego, las que damos a nuestros muertos y cuando nos despedimos de los padres al emigrar, despedirse de la madre, del padre de los hermanos tiene un acento de esperanza de volver a verlos algn da, lo que no sucede cuando ellos son los que se van a un viaje que no tiene retorno. Tambin hay despedidas por un divorcio, por ruptura de un romance o por alguna otra razn.

Es imposible vivir sin experimentar dolor. La vida y el dolor van de la mano. Forman parte de las dicotomas de la vida: da-noche, sol-luna, blanco-negro, vida-muerte, amor-dolor. Constantemente estamos en cambio y este frecuentemente se identifica con prdida.

En el drama de la vida de los seres humanos, la tragedia, el dolor y el sufrimiento aparecen tarde o temprano, es inevitable. La diferencia consiste en la manera como nos enfrentamos a las circunstancias y el dolor resultante.

La mayora de nosotros desconocemos el duelo hasta que lo experimentamos en carne propia. Sabemos que nos sentiremos tristes y heridos, pero tal vez nos sorprenda percibir otras emociones como el enojo, la culpa y el miedo.

En estos momentos el dolor no desaparece an. Y tal vez nunca lo haga. Pero la desesperada angustia de los primeros das se va atenuando, van dejando paso a la vida. Y un da nos descubrimos pensando en algo que esa persona haca o nos deca, mientras nos invade una clida ternura. Somos capaces de recordar. Tal vez todava con lgrimas, pero agradeciendo a la vida haber compartido el amor y la existencia de ese ser humano.

En nuestra vivencia del adis y el dolor que conlleva la ausencia de la persona a la que amamos, llegar el momento de seguir, de avanzar, de permitir que nuevas emociones se aniden en nuestro corazn. Pero cada uno necesita un tiempo diferente para que esto ocurra. Y as como ser bueno aceptar que nuestro viaje contina, tambin lo es respetar nuestro propio tiempo de pesar y recordar.

 

 

 

Yo s que aquello por lo que yo quera a mi

Madre no morir jams. Se que la muerte no

destruye nada. Rompi, s, el hilo que nos una

a las dos. Pero nada destruy de ella. No vive

hoy menos en m de lo que vivi mientras viva

M. Descalzo.