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Una hoja del Otoño
Oscar Garcia Bada
Una hoja del Otoño

UNA HOJA DEL OTOO.

Lic. Oscar Garca Bada

 

(En homenaje a mi madre:

en el trigsimo aniversario de su muerte).

 

Sucedi en pocos das, mas no fue un evento inesperado; su corta vida fue una larga enfermedad.

 

Ese daentre ella y yo slo mediaba la soledad, fue la ltima vez que as estuvimos, ambos lo sabamos pero la esperanza de que no fuese as, nos haca callar la verdad como se calla un secreto entre dos grandes amigos; haba tanta pena en nosotros que slo podamos respirar en ese espeso aire, sentimientos antagnicos: alegra y desazn, amor y pesadumbre, desesperacin y agradecimiento, egosmo y misericordia, justicia e injusticia

 

Quiz para ocultarme su desahucio me pidi la sacara de esa pequea habitacin, estancia en donde las paredes estn pintadas del mismo color del que est teido el cansancio y en donde las rendijas de las ventanas sirven para que penetren y se escapen los alientos de la existencia.

 

Diligente, tom aquella silla til para andar los largos e interminables pasillos, de aquel ddalo en que se convirti el sobrio y sombro edificio, donde se quedaron 29 aos de complicidad filial. A travs de sus altos y transparentes ventanales, como testigos que acuden a esa cita impostergable, pude ver un multitudinario grupo de nubes vestidas de gris, ataviadas ya con el luto que la ocasin mereca y en espera de verter la cellisca propia que antecede al invierno, al fin y al cabo nadie hubiera podido hacer reclamo alguno: era noviembre.

 

Visitamos el pasado en unos cuantos minutos, ella ensimismada en sus pensamientos, quiz `asumiendo el fugaz futuro que le esperaba junto a m y yo en los mos, cavilando sobre el largo futuro que me esperaba sin ella.

 

Sinti fro y me detuve para cubrir sus piernas y sus pies, con una sbana un tanto percudida por el uso y por el tiempo, recuerdo que en una de sus esquinas tena tres letras HGM y algunos nmeros pintados con una clsica plantilla como las que usamos ella y yo, cuando me ayudaba en las tareas propias de mi educacin secundaria.

 

Proseguimos la travesa, recorrimos rampas, habitaciones y varias estaciones en donde deambulaban inmaculados hasta los dientes, quienes nos saludaron ms por rutina que por cortesa; seguimos entre aquellas paredes, inclumes testigos ante el trfico urgente de camas, camillas, enfermos y enfermedades, de todas ellas se poda escuchar idntico lamentocomo cuando sopla el viento en el desierto, un suspiro sin placer y desaliento.

 

 

Me dej ver su rostro, agotado, agreste como la tierra que ha sido privada del maridaje natural con el agua, resquebrajadopero forzando una sonrisa que disimulaba y que pretenda ocultarme la profunda herida que ella, que tanto me amaba, involuntaria pero fatalmente me causara.

 

Su mirada lo imploraba, mas con parsimonia y gran cario me pidi que volviramos a su habitacin, al llegar, con gran dificultad le ayud a regresar al lecho, donde su cansado cuerpo se desplom como una de las tantas hojas que sucumbi en aquel otoo, me mir y acarici mi cara queriendo grabarla en la palma de su mano para llevrsela con ella; no s si mis lgrimas lo impidieron, pero frecuentemente oro con ellapara que as no haya sido.

 

Desde su lecho, las notas finales de su despedida encontraron en cada uno de mis odos, el puente por el cual hacer llegar la meloda que solan ser sus palabras, buscando para su destino eterno: mi corazn.

 

Nunca te he extraado, porque no se puede extraarlo que nunca se ha olvidado.