Alumnos

-Artículos.
-Testimonios.
-Investigaciones Finales.
-CoNéCtAtE.

 
Cuando la vida de alguien se apaga
Virginia Perea Bonilla
Cuando la vida de alguien se apaga

Cuando la vida de alguien se apaga

Virginia Perea Bonilla

Directora General de CEDEHC S.C.

 

Cuando tu cuerpo se cansa del dolor, cuando nadie entiende el sufrimiento por la pérdida, hubo una doctora que dejó de tratar a los pacientes como un conjunto de órganos y vino a enseñarles a sus congéneres que también, como se atiende el cuerpo, debemos atender las emociones, esta doctora vino a humanizar la medicina: Elisabeth Kübler-Ross.

Todos en algún momento pasamos por pérdidas y aunque a veces actuamos como inmortales, sabemos que algún día moriremos. No queremos saber como y mucho menos queremos saber cuando, el hecho de hablar de ello nos hace “tocar madera”, pero lo único de lo cual podemos estar seguros es que vamos a morir.

Desde tiempos muy antiguos nos hemos preocupado por salvar vidas pero, ¿Quién nos ha preparado para esta última etapa?

Podemos recordar el incendio de la guardería ABC en Hermosillo, donde lamentablemente murieron 49 niños, nos tocó ver el sufrimiento tan grande que vivieron los padres. Un grupo de ellos recibieron atención tanatológica y pudieron resolver mejor sus duelos, sin embargo los que no recibieron esta atención son padres que aún a la fecha se encuentran llenos de rabia y sin poder llegar a una comprensión de lo sucedido.

Hemos observado que la mayoría de los estudiosos se enfocan a la vida pero pocos a la ineludible muerte. No es que queramos ver que hay más allá de la muerte, eso se lo dejamos a la religión, pero consideramos que debemos tener cierta preparación para llegar a este momento.

Por lo anterior queremos resaltar las aportaciones que hace Kübler-Ross en su libro “Sobre la muerte y los moribundos”. Nos relata su trabajo realizado durante dos años y medio con enfermos terminales y detecta que pasan por etapas similares, estudia sus reacciones psicológicas y busca la comprensión y la aceptación en el proceso de muerte. Maneja que las etapas del duelo son: negación, ira, depresión, regateo y aceptación, convirtiéndose así en la madre de la Tanatología.

La doctora Elisabeth, en el libro “La rueda de la vida”, nos narra que en los años 50´s trabajó en el hospital estatal de Manhatan, hospital psiquiátrico, donde los médicos utilizaban a los pacientes como experimentos con drogas, los metían en bañeras con agua caliente y los dejaban ahí 24 horas, utilizaban los electrochoques o los golpeaban con palos, el personal no tenía ningún aprecio por la vida de los pacientes y estos eran tratados con negligencia e indiferencia.

Tras su estadía la doctora pone fin a los castigos sádicos cambiando las prácticas para tratar a los pacientes, como personas. Resultado de lo anterior logra el alta del 94% de los esquizofrénicos previamente desahuciados. Siempre debemos tener presente que el conocimiento por sí solo no va a sanar a ninguna persona sino que además, debemos usar la cabeza, el alma y el corazón.

Consideramos a la doctora Elizabeth Kübler-Ross una gran humanista, ya que da un giro de 360° a la medicina, al integrar los procesos psicológicos del enfermo terminal a las últimas atenciones que recibe en esta etapa. Da herramientas al personal de salud para comprender al paciente y sea tratado con dignidad hasta el último segundo de su vida. Es por esto y más, que la revista Time la nombró como uno de los 100 pensadores más importantes del siglo XX.

En nuestra opinión, es una expresión hermosa de entrega al ser humano el hecho de acompañar y servir en la muerte, como se ha acompañado en vida: con amor, respeto y felicidad.

Nosotros creemos que el personal de salud, en gran medida, no se encuentra preparado en el campo de la tanatología y el trato con estas personas a veces raya en lo inhumano y debemos entender que jamás, la ignorancia debe ser pretexto para no darle momentos de respeto y dignidad a una persona en su lecho de su muerte.

Últimamente hay sucesos que nos han impactado como la muerte Alonso Lujambio, quien fuera secretario de educación pública en nuestro país, con tan solo 50 años perdió la batalla contra el cáncer. Esta persona en silla de ruedas, con un parche en el ojo y sin cabello, fue un ser humano que peleó hasta el último segundo.

Con su ejemplo comprendimos que aún en las circunstancias más difíciles podemos sonreírle a la vida y tener felicidad, porque ésta no es la meta a alcanzar, sino es la suma de los bellos momentos construidos al día.

 En conclusión, el tema de la muerte no es algo sencillo, sabemos que es inevitable y que es un hecho sumamente doloroso, sin embargo, debe ser una invitación a la sensibilidad y sobre todo a la vida. Debemos vivir creando momentos llenos de satisfacción y felicidad, fomentando el amor, el respeto y la conciencia universal. Recuerda que la muerte está tan segura de su victoria que te da una vida de ventaja. Y tu ¿Qué esperas para empezar a vivir?