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LA NATURALEZA Y EL RETORNO AL SER
Alejandro Espriú Manrique de Lara
LA NATURALEZA Y EL RETORNO AL SER

 

LA NATURALEZA Y EL RETORNO AL SER

Alejandro Espriú Manrique de Lara

Nuestra civilización se ha perdido en el laberinto materialista del tener, del pretender abusar de ella y desafiarla constantemente – en actitud suicida – al irla empujando al límite de su capacidad para sostener la vida humana en este planeta. Nos hemos ido perdiendo en un mar de problemas y enredos humanos que nos alejan de ella, con todas sus consecuencias, al aproximarnos principalmente a través del pensamiento utilitarista y dejar de lado el plano espiritual.

Hemos olvidado lo que alguna vez hubimos aprendido a la par de todas las demás especies que habitan el mundo y que aún actúan en forma congruente. Pareciera que nos hubiéramos cansado del regalo de la vida, del ser y del saber ser, de transitar en comunión con otros reinos de este planeta - las plantas,  animales, minerales, etc.-, en paz, aquí y ahora. Debemos por tanto esforzarnos en re-conciliarnos con ellos.

A todos nos agrada sentir como los disfrutamos cuando vamos de paseo a la playa, nos ejercitamos en el parque o un jardín, admiramos bellos paisajes o simplemente nos posamos fijamente en ellos hasta por internet, televisión o cine. Al concentrarnos en sus imágenes, lo que hacemos realmente es percibir parte de su esencia que nos transmiten y entramos en armonía con el Todo que se manifiesta en nosotros en forma de paz interior.

Por eso es necesario, aunque no suficiente, el mantener la determinación de “cuidar” nuestro medio ambiente a través de acciones preventivas y correctivas cotidianas para sanear nuestro aire, agua, flora y fauna; pero más importante, el respetar y honrar su existencia que es fuente del sabernos interconectados y sentirnos unificados con el Todo, porque eso es y en ellos está.

Tomemos en cuenta que a medida que maduramos y envejecemos, podemos y debemos darnos la oportunidad de serenarnos y observar con detenimiento como las plantas, ríos, rocas, animales,  han sabido conservar con dignidad su ser íntegro; permanecer siendo uno, ellos, a diferencia de los seres humanos que nos mostramos cada vez más fraccionados, con diferentes rostros.

No viven reflejados como nosotros en el “parecer”, ni en el “qué dirán” y por eso pueden ser siempre ellos. No se han apartado del concepto de “Unidad” y no reclaman un espacio existencial por separado como los seres humanos, en donde “cada cabeza es un mundo” gobernado por su “yo”.

A través de ella, podemos percatarnos de nuestros orígenes; de lo que todavía nos es común y  “natural”, de aquello que nos dio la vida. Nuestras funciones vitales, como el latir y el respirar, son producto de ese fenómeno creador común que opera igual para todos, con leyes universales y que las recrea en aquello que hemos denominado “Naturaleza”: no respira el “yo”, sino “ella”…

Acércatele más. Acerca a los tuyos y a quienes lo necesiten. Acerca a los ancianos y a los enfermos. Acércalos con la confianza de que es una práctica sana, para el cuerpo y el alma. Conéctate con la naturaleza, únete a ella dondequiera que se manifieste pero con la conciencia de que no es solo tu proveedora de bienes sino también de la energía que requiere tu interior, así estarás también enriqueciéndola. Aprende a mantenerte en ella con quietud y al final encontrarás la luz que te guiará de vuelta a casa.