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Una historia para compartir
Araceli Leal Aguirre
Una historia para compartir

Una historia para compartir

 

Hace un año la vida era como de costumbre, era dos de diciembre y me levanté como cualquier otro día a trabajar mis dos turnos; se acercaban las fiestas navideñas y había planes para los festejos. La vida parecía tan común que incluso parecería monótona, todo era lo “normal” de las fechas, sin embargo, mi vida estaba a punto de cambiar radicalmente.

Así, a las tres de la tarde sonó el teléfono, era mi hermana y el mundo pareció detenerse abruptamente y la normalidad de mi vida se vio seriamente amenazada, sentí un fuerte vació en la boca del estómago y me dieron la terrible noticia, “tú hermana había sufrido un terrible accidente y estaba muy grave en el hospital”.

Y a partir de ese momento todo adquirió un nuevo valor, las palabras no dichas, los pensamientos que jamás se compartieron y el deseo de que el tiempo regresara y que cambiará lo sucedido; pero el tiempo es inexorable y los segundos siguieron su curso.

Llegando al hospital las noticias fueron devastadoras y solo la fé y un fuerte deseo de que las cosas mejoraran sostuvieron a toda la familia, había pocas esperanzas y cada momento se convertía en un trago amargo pues aparentemente no había muchas posibilidades de que mi hermana saliera bien.

Al día 23 de diciembre después de un largo coma, y una operación mi hermana fue dada de alta del hospital, sin embargo, no podía moverse, comer por sí sola, no hablaba, aunque sí nos reconocía. Y empezó un largo proceso de recuperación terapia física, de lenguaje y el apoyo de toda la familia.

Hoy un año después mi hermana es un ejemplo de fortaleza y coraje, pues ya se vale por sí sola, casi vuelve a la normalidad y la única secuela que nos recuerda lo sucedido es la afasia que le impide comunicarse de forma adecuada.

¿Por qué les comparto esta historia tan íntima? Porque en estas fechas hacemos balances, cierres de año y cuántas veces no valoramos lo que somos lo que hemos logrado, lo que hemos crecido en este año. Nuestro balance personal siempre habría de ser positivo, pues cualquiera que haya sido la situación que hayamos vivido en el año nos deja una enseñanza, un aprendizaje.

¿Qué duele aprender? Sí. ¿Quién dijo que era fácil? Pero paguemos con gusto el precio pues cada obstáculo vencido, cada reto o dificultad que hayamos superado nos hace mejores personas. Nos ayuda a crecer y valorar lo que tenemos.

También se los comparto porque: cuántas veces lo hemos oído, que le digamos a las personas que amamos lo que sentimos, que quizá un día será demasiado tarde. Cuando pasan situaciones como la que les comparto, les aseguro que esas palabras adquieren un nuevo significado y parece que la vida nos enfrenta a la realidad.

No esperes que un acontecimiento te marque la vida, te recuerde que sentido tiene tu vida, haz el balance de este 2011,  ve lo que creciste, lo que aprendiste, lo que la vida te dejó. Inicia el nuevo ciclo con la certeza de que no hay problema que no tenga solución, y deja en el baúl del recuerdo todo lo que ya no te sirve y sólo te encadena al pasado.

Vive tu presente maravillado de lo que tienes, y si crees que algo te falta acéptalo con paz, pues algo te quiere enseñar la vida.

Araceli Leal Aguirre