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Retrato de Familia
María Esther Flores-Ayala Mancera
Retrato de Familia

RETRATO DE FAMILIA

Se dice que “La familia solo la sagrada y eso de la pared colgada” y es que como en todas las familias hay personajes, que digo personajes “personajazos” que con su dulzura, su manera de hablar, de guardar silencio, llenan de colorido las reuniones de los domingos y las reuniones de fin de año.

No me dejaran mentir, dentro de la familia, nunca falta el que siempre grita, el que siempre organiza, el que no hace nada, el que quiere hacerlo todo, el que comunica todo, el que nunca dice nada pero que cuando dice ¡Upss!; y bueno qué sería de nuestra familia sin estos personajes ¿o no?.

Hay familias chiquitas, familias numerosas, familias acomodadas, familias famosas, famosas familias, familias de sangre, familias por adopción o familia “SI QUIERES” Me explico…

Esta familia SI QUIERES está formada por esos seres maravillosos, únicos, irrepetibles, que no comparten tu tipo de sangre ni tu ADN,  pero lo que los une a ellos es el amor, ese amor que hace que su presencia y sus acciones sean valiosas y los ames y digas  él, ella, ellos son MI FAMILIA y entonces se convierten en  magníficos hermanos, primos, tíos, madres y padres amorosos con los que puedes contar siempre. A ustedes por elegirnos como su familia gracias.

Entonces hablar de familia es más que hablar de genes y tipos de sangre, de si  me parezco al abuelo o no. Hablar de familia es mirar hacia tu origen, al origen de tu historia ¿y cuándo comenzó tu historia?

 Muchos creemos que nuestra historia comenzó al nacer, pero no es así, nuestra historia comenzó hace ya algunos años, muchos diría yo, cuando dos personas que quizá muchos de nosotros no conocimos en persona,  pero que gracias a ellos hoy estamos aquí. Me gusta imaginar el día en que esos dos seres se dieron el sí y plantaron la semilla de la familia.

Y así aquella semilla echó raíces profundas, fuertes, y así creció este árbol llamado familia, lleno de ramas y frutos que a su vez darán nuevas semillas; Y un día, mientras transitamos este eterno presente que llamamos vida, las semillas de nuestros sueños se transformarán en árboles, y desplegarán sus ramas que, como alas gigantescas, cruzarán el cielo, uniendo en un solo trazo nuestro pasado y nuestro futuro.

Nada hay que temer, una sabiduría interior las acompaña porque cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol. Árboles magníficos y orgullosos que a su vez nos dirán, en su solidez, que oigamos nuestra voz interior, que escuchemos la sabiduría, de nuestros sueños. Porque no solo se trata de hablar de historias de semillas es saber ¿qué del otro tengo? ¿Qué tiene el otro de mí?  ¿Qué tengo de mi familia? y ¿qué tiene tu familia de ti?

Mira a tu familia a los ojos y descubre lo que tienes de tu familia, descubre tu origen, tu semilla y qué es lo que de tu familia tú tienes, verás entonces que no es lo que tienes es lo que das, pues de mi familia tengo las costumbres, las formas de ver la vida, de enfrentar la vida, de mi familia tengo la fortaleza, el refugio el consuelo para enfrentar y superar aun la prueba más difícil, porque cuando experimentas el dolor de la ausencia, encuentras en tu familia la razón para continuar cada mañana y celebrar la vida.

A ti padre, madre, hermano, abuelo quiero pedirte que me ayudes, sin intentar decidir por mí. Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mí. Quiero que me abraces, sin asfixiarme. Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mí. Quiero que me protejas, sin mentirme. Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten, que las aceptes y no pretendas cambiarlas.

Quiero que sepas, que hoy, hoy puedes contar conmigo, sin  condiciones  COMO TU FAMILIA. Y a todos aquellos familiares que en el camino de la vida se adelantaron, gracias por ser, por ser semillas, por ser raíces, por ser ramas y dar frutos.

Porque aunque aún hoy extrañamos su presencia física, sabemos que vivirán por siempre en nuestros corazones, porque aquello por lo que los amamos no morirá jamás, porque la muerte no destruye nada, quizá rompió el hilo que nos unía, pero nada destruyo de ellos, pues no viven hoy menos en nosotros de lo que vivían mientras vivían. Gracias por este amor que como semillas trasciende.

 Maria Esther Flores Ayala Mancera “Mayte”