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El gozo de ser conscientemente humano.
Carlos Alejandro Villanueva Viñuela
El gozo de ser conscientemente humano.

EL GOZO DE SER CONSCIENTEMENTE HUMANO

Estar frente a un suceso nuevo y esperar una respuesta, en el contexto de la percepción humana, implica hacer uso de toda la atención ya que se reciben un sinnúmero de estímulos que tienen que ser procesados y asimilados. Por otro lado la forma automática de reaccionar en el ser humano responde a estímulos conocidos previamente aprendidos, no hay una situación nueva, este es un mecanismo mental que ayuda en el proceso de aprendizaje.

Ante un hecho desconocido la parte automática de la mente no puede hacer nada al respecto de tal manera que la atención se despierta y si es de interés para el individuo comienza un proceso de aprendizaje para asimilar y procesar este nuevo hecho.

Cuando se tiene la experiencia de una  pérdida, la situación que se nos presenta ante nuestros ojos cambia, parcial o completamente. En este momento es cuando despierta nuestra atención, nuestra mente recibe energía y ante lo nuevo el estado natural de la mente es  de claridad y con capacidad de asombro sin juicio, imparcial, este estado natural nos ofrece la posibilidad para responder de la forma más óptima a los retos que se nos presentan ante la pérdida y los desafíos por lo nuevo.

El aprendizaje automático es intrínseco a nuestra naturaleza ya que nos ayuda a que no tengamos que aprender cada día a conducir un vehículo o a caminar, entre otras actividades. Muy temprano en la niñez aprendemos a dejar casi todo en manos de esta mecanicidad, de hecho entre más mecánica sea nuestra educación más vamos perdiendo el contacto con la atención despierta, con la capacidad de respuesta espontanea y creativa sustituyéndola por las reacciones mecánicas  que a su vez están enraizadas en los condicionamientos de la infancia temprana.

El autoconocimiento u observación de si es un  método que consta de tareas precisas para reactivar esta atención despierta, primero las tareas consisten en traer la  atención a  las sensaciones físicas y observar como la forma mecánica de reaccionar obstaculiza la intención consiente de estar ahí sintiendo con el cuerpo. La segunda parte de la tarea es observar los pensamientos que surgen y como afectan y determinan la forma de reaccionar, de tal manera que empieza a ser muy claro para la parte consiente de la mente que el cambio de los estados de ánimo y emociones no dependen directamente del hecho en sí sino de cómo la mente mecánica percibe al enjuiciar o calificar el hecho.

Al seguir con la auto investigación en esta dirección se ve que estos pensamientos; sus juicios y su valoración, no tienen que ver con el individuo en sí sino en la forma en que éste internalizó los valores y maneras de pensar, básicamente, de papa y mama y luego de otras personas encargadas de su educación. De tal manera que lo que usualmente llamamos conciencia o valores no son más que un conjunto de condicionamientos aprendidos en la niñez. Lo anterior lleva a la pregunta real ¿quién soy yo? Cuando esta pregunta no viene de la mente mecánica sino de la parte consiente, entonces comienza el proceso en donde resurgen los recuerdos y emociones mostrando todos los momentos de auto represión y autoengaño de la propia historia personal, básicamente en la etapa de La niñez.

La maravilla del método es que se puede descubrir todo esto y a la vez estar en la atención despierta de tal manera que cuando esta capa del inconsciente se abre descubriendo todos esos momentos de pérdida en la  niñez se cuentan con los recursos para sobrepasar esto conscientemente y llegar al otro lado en donde se percibe lo que los maestros llaman la naturaleza esencial de la mente y la forma más práctica de describir esto es como una “mente clara”, más allá de la mente condicionada. A partir de este momento se pude constatar que ante el hecho de la pérdida la mente clara se hace presente para sobrellevar de una manera consciente y madura el proceso de duelo.