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Momentos
Ma. Esther Flores Ayala Mancera "Mayte"
Momentos

Momentos

 

La tarde en pleno iluminaba de tonos ocres la terraza del restauran, la vista al parque y su bullicio de domingo le daban ese toque especial.

Mientras tomaba un respiro después de un maravilloso día de trabajo, una voz dulce llamo mi atención hacia la mesa contigua, al voltear discretamente, encontré la estampa, un hombre y una mujer, disfrutaban y comentaban  sobre la magnífica tarde de domingo, 60 abriles o más marcaban el paso del tiempo en aquellos rostros, mientras ella elogiaba la comida española del lugar, él la miraba con entusiasmo.

Un silencio envolvió la charla, la mirada de ambos se perdió en el horizonte o en sus recuerdos, la voz de la mujer entrada en años, rompió el silencio “¿Te das cuenta, lo afortunados que somos?” Preguntó, él con una sutil sonrisa parecía preguntar ¿por qué? Y ella respondió de inmediato; Sí somos afortunados mira a nuestro alrededor, la tarde es perfecta, el frio de invierno apenas se siente, mira el verdor de los arboles del jardín de enfrente, mira como el sol se cuela travieso entre sus ramas, las parejas que se profesan amor y crean sueños juntos, los niños jugando corriendo de un lado a otro, el señor de los globos, algunos adultos con sus mascotas, familias completas disfrutando el paseo, este lugar tan apacible, esta comida deliciosa, este vino dulce y amaderado, y la oportunidad que tenemos de disfrutar todo esto. “¿Dime si no es perfecto este momento?”.

Aquel hombre añoso, maravillado visualizaba cada detalle descrito por la mujer, permaneció en silencio y suavemente tomó la mano de aquella anciana la colocó delicadamente entre las suyas, las miradas de ambos no sólo se cruzaron, se estrecharon cual dulce abrazo, y entonces el hombre con su voz de abuelo dijo: “Gracias por esperarme”, la mujer envolvió las manos del hombre entre las suyas y con la voz llena de amor de esperanza, de fe, de triunfo le dijo amorosamente: “A ti te esperaría siempre”.

El silencio nuevamente envolvió aquella mesa, el murmullo de los comensales, el bullicio del jardín eran imperceptibles para esos dos seres que en la unión de sus manos y sus miradas, expresaban la magia de aquel momento; Mi mente voló a las mil y un posibilidades del por qué se habían separado y hasta hoy podían reunirse , entre el amor imposible y sus múltiples variables mi mente giraba hasta que la voz de la mujer me regreso al presente, y con entusiasmo y sorpresa dijo a su compañero: “ Mira una mariposa se está posando en nuestra mesa, dicen que son de buena suerte”, El hombre complacido y amoroso respondió firme: “Sí, buena suerte, buena suerte que estés aquí, buena suerte este momento………..”

Se dice que la vida no se mide por el número de veces que respiras, sino por los momentos que cortan la respiración, la vida está hecha de un millón de momentos, los días volando se van, los años pasan las cosas materiales caducan o pasan de moda, pero no los momentos, aquellos llenos de risas eternas, de días nublados de tardes de fuego de noches de lluvia.

Mas la creación de buenos momentos es personal, la vida está lista para ser vivida, para que hagas con ella tu mejor obra tú eliges si haces de la vida una tragedia o una comedia, porque es decisión personal la construcción de estos momentos, porque al final del camino, al final de esta vida, lo único que nos acompañará en el viaje serán los buenos momentos.

 

 Ma. Esther Flores Ayala Mancera