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Enfrentar la muerte y dejar morir
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Enfrentar la muerte y dejar morir
ACTITUD ANTE LA MUERTE

 

Enfrentar la muerte y dejar morir

Son procesos naturales, pero dolorosos que trabaja la Tanatología

 

Un padre que jamás se ocupó de su hijo quiere pedir perdón.  Una mujer enferma  busca susurrar a su hermana dos palabras: te quiero. Una familia  decide sobre el tratamiento de su hija gravemente enferma. 

Desean que muera con dignidad. 

Son situaciones de la vida real que ejemplifican la voluntad de  irse o dejar ir a los más queridos en paz. Si es necesario, resolver ese asunto pendiente. Quizás cerrar heridas.

Sin embargo, no siempre es fácil lograrlo.

El psicólogo y Tanatólogo Héctor Crespo Bujosa señala que a menudo la muerte es vista como tabú, algo desconocido, que no podemos controlar. A veces, incluso se concibe como un momento al que hay que temer.   

Los Tanatólogos son profesionales especialmente entrenados para ayudar en estos procesos.    Son estudiosos de la Tanatología,  ciencia que estudia las etapas de ir muriendo, la muerte, el duelo y todo lo que abarca fallecer. Incluye el arte, los rituales de dar sepultura al cuerpo, así como todo  aspecto biológico, sicológico, social-cultural y espiritual relacionado al tema.

Pero ¿por qué estudiar y lidiar con la muerte si para empezar la mayoría de la gente evade el  tema?

“La muerte es un evento del cual no podemos escapar. Es conociendo este proceso que aprendemos a vivir, porque no se trata de ver la muerte como un proceso  tétrico, sino de transformarlo para lograr la mejor calidad de vida en el tiempo que nos quede. Se trata de empezar a trabajar dinámicas familiares, problemas que no hayamos resuelto, pedir perdón y perdonar”, explica  Crespo, profesor en la Universidad Carlos Albizu.

Silencio que duele

Profesionales entrevistados coinciden en que cuando un paciente enfrenta una enfermedad terminal es común que ocurra lo que se conoce como la conspiración del silencio. Por un lado, la persona enferma evita hablar sobre el tema, lo que le preocupa y lo que siente. En ocasiones incluso puede llegar a ocultar durante un tiempo su condición. Por el otro, la familia también calla. 

“El paciente sabe lo que tiene, la familia sabe lo que tiene el paciente, pero ninguno habla para evitar afectar a la otra parte. Se genera una ruptura de comunicación”, señala la Tanatóloga Myrna Zayas.
Pero cuando se está de cara a la muerte -ya sea la propia o la de un ser amado- es vital expresarse, dejar saber lo que se siente, solucionar asuntos inconclusos. Si es posible,  despedirse.

Morir es parte de la vida

Para las personas que enfrentan el proceso de morir lentamente, el reto puede ser muy complejo, precisa la psicóloga y Tanatología Ada Mildred Alemán Batista, del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico.

“El paciente va perdiendo agilidad, movilidad, tiene que depender de otros. Va perdiéndose a sí mismo poco a poco. A veces se trata de unos cambios tan rápidos que no le da tiempo a reestructurar quién es”, sostiene.
En cuanto a la relación del enfermo hacia quienes le rodean, también pueden surgir cuestionamientos, reflexiones y deseos. 

“Vemos gente que quiere reencontrarse con personas, especialmente con hijos,   muchos casos de hombres que no fueron buenos padres o buenos esposos y quieren pedir perdón. Eso se ve mucho. Otras personas quieren pagar algunas deudas. Entre los puertorriqueños, también se da mucho el querer que venga un sacerdote o un ministro”, sostiene  Alemán, al describir como muy intensos esos momentos. 
 Crespo, por su parte, observa que muchas veces la persona moribunda busca prepararse a nivel espiritual.

“Muchas veces están esperando ese momento de perdonar o ser perdonados para poder morir”, indica al recordar que la muerte no es meramente un evento biológico.

Antes y después del duelo

 Zayas, por su parte, observa que la práctica de la Tanatología también se enfoca en el efecto del proceso de muerte en la familia y cómo esta afecta la dinámica entre sus miembros, así como la relación con el enfermo.
“La familia es el pilar básico para promover los cuidados del paciente con enfermedad terminal. Sin su participación activa, difícilmente se lograrían los objetivos de atención al enfermo”, subraya.  El Tanatólogo puede servir de puente de comunicación entre ambas partes. Intenta prevenir la claudicación familiar, la sobrecarga del cuidador, la incomunicación, la sobreprotección del paciente y, sobre todo, su aislamiento.

El Tanatólogo también puede ayudar a la familia a fortalecerse, para enfrentar la muerte y evitar la negación ante la circunstancia que le ha tocado experimentar. Todo esto pretende alcanzar un propósito primordial que es la muerte en paz de la persona enferma. Además, evitar los “duelos complicados” que pueden surgir cuando quienes sufren la pérdida no tuvieron, o se negaron a tener, el espacio de despedirse. En otros casos, se trabaja con las personas para que entiendan la muerte como un proceso inevitable y natural. 
 
La muerte digna
 El ambiente cálido a su alrededor y el liberarse de cargas emocionales contribuye a que en el plano espiritual el paciente pueda alcanzar una muerte digna.   

En el aspecto físico, los adelantos en la ciencia han hecho posible alargar la vida de las personas con condiciones graves de salud. Una de las funciones del Tanatólogo es procurar para el paciente los cuidados paliativos recomendados para su enfermedad y evitar en lo posible su agonía física. Tomando en cuenta el contexto y la dinámica familiar (su rol no es juzgar), puede abogar por la  capacidad del paciente respecto a  tomar decisiones sobre sí mismo mientras la condición lo permita.  

“Se trata de mejorar la calidad de vida del enfermo, de minimizar su sufrimiento”, expone Alemán.
Lo que se aprende de la vida al ver a otros morir

“Veo la vida de otra forma desde que he tenido la experiencia de ser Tanatología”, afirma la psicóloga y Tanatología Ada Mildred Alemán Batista. “Veo la vida día a día. Para mí es hermosa. Hay que dejarle saber a la gente que uno la quiere, evitar ofender. Uno debe ser una persona compasiva, solidaria. Hay gente que no piensa como uno, pero creo que uno tiene que empezar a sentir satisfacción por las relaciones humanas que  tiene. No todo el mundo se da cuenta de eso. La muerte no es mala, la hemos disfrazado. Es un evento de la vida muy doloroso, por la ausencia, pero en la medida en que te prepares espiritualmente entiendes que en algún momento te vas a encontrar con ese otro espíritu”.

Mientras, en sus cinco años de experiencia la Tanatología Myrna Zayas no puede identificar un solo caso que le haya impactado de forma particular pues, según afirma, “todos me marcan. Son mis maestros. Estas personas que dejan de existir en este plano físico se dan cuenta de lo que vale la pena y lo que no. Se desapegan de las cosas materiales y terrenales. Te enseñan lo que vale la pena de verdad en la vida, que son las relaciones, los lazos familiares, las cosas que sí dejan huella y que muchas veces no pensamos en ellas hasta estar en ese punto límite”.

Los ritos 

De la misma forma que las familias celebran cumpleaños, bodas y graduaciones, también llevan a cabo rituales en torno a la muerte de un ser querido.

“Todos los rituales son importantes porque unen a la gente. Sirven para mantener a  las familias unidas, forman memorias colectivas.  Además de que nos recuerdan que todos vamos a morir, los rituales de muerte nos unen para darle a esa persona un espacio físico (una tumba, un frasco con cenizas) y también un espacio emocional y psicológico en nuestras mentes. También sirven de despedida o cierre”, apunta Alemán.

 

Por Camile Roldán Soto

02 Noviembre 2010