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Derecho a morir
Mercedes Bonilla Arandia
Derecho a morir
ACTITUD ANTE LA MUERTE

 

Derecho a Morir

 

 

Una de las desgracias necesarias más humillantes, en casos de un enfermo terminal, son los hospitales. En un solo lugar, cosa imposible en cualquier domicilio, hay médicos especialistas, enfermeras, paramédicos, camas electrónicas, rayos láser, ojos que ven lo invisible, quirófanos flotantes, espías electromagnéticos, rayos x cinematográficos y hasta imagenologías. Todo esto listo para intentar salvarle a uno la vida con talento y eficiencia o en el más aterrorizante de los casos, para prolongarle la agonía.

 

Todos esos “milagros” deben maravillarnos. Sin embargo, hay algo que con frecuencia se olvida en los hospitales: el hecho de que los enfermos son seres humanos con derecho a la vida pero también con derecho a la muerte.

 

Se hacen operaciones de todas índoles, se quitan y se ponen órganos vitales, se hacen diálisis, transfusiones, inseminaciones artificiales, se opera con ultrasonido y poco a poco van acabando con nuestro cuerpo, nuestra dignidad y muchas veces hasta con nuestra esperanza de calidad de vida.

 

La medicina moderna es milagrosa en todo, menos en el respeto a la voluntad personal.

 

Los médicos están enseñados a prolongar la vida hasta lo imposible. Para ello convencen a los pacientes de que lo mejor es vivir a costa de lo que sea. Si los pacientes no aceptan al principio, entonces se abusa de la autoridad que les otorga la Ciencia; se les debilita la voluntad, se les vence la sensatez y los hunden en la nada. Ni Jean Paul Sartre en su “SER Y NADA” donde habla de la “cosificación”, explica los grados de des personificación, arrebato de la voluntad de ninguneo al que un paciente puede quedar expuesto en un hospital.

 

Todo esto desde luego, se hace con la mayor voluntad del mundo. No hablo de sadismo, no. Hablo de un nuevo enfoque hacia la vida y un olvido del respeto a la muerte. Si a mí me da un paro cardiaco, pido, exijo, solicito, suplico que obedezcan a la naturaleza, que dejen a mi corazón en paz y que el cuerpo obedezca las leyes a la que, como ser humano, está sometido. Morir no es un delito. Vivir, a la fuerza, por medio de artificios, de choques eléctricos, como estadística triunfante, es un atentado, un homicidio a la muerte. No hablo de eutanasia sino al respeto de morir con dignidad.

 

 

Lo perverso de la medicina moderna es la criminal intención de prolongar espantables agonías, arrebatarle al ser humano el derecho a morir con dignidad, nadie debe existir como momia o como experimento de laboratorio, la naturaleza es sabia.

 

El individuo tiene su dosis de vida, Cambiar la vida por agonía es un crimen ecológico. La medicina moderna a convencido a los familiares de que la vida debe prolongarse hasta donde la ciencia dé. Si se atreven a discrepar, le mueven culpas, le hacen sentir que en sus manos está la vida y la muerte de su ser querido, que la vida artificial es lo único moralmente aceptable. Lo acusan, aunque sea con la mirada de ser un miserable asesino, un avaro o un enemigo de la vida.

 

A Sócrates nadie lo resucitó, a Jesús nadie le hizo transfusiones de sangre. Un ser humano tiene derecho a morir con dignidad, ese derecho reclamo para mí y le pido a toda la gente que me conozca, que si alguna vez se entera de    que me quieren conservar viva con aparatos, vaya en mi nombre y proteste. Si llego a tener una enfermedad mortal, que obedezcan a la naturaleza. Acepto lo que permita vivir con dignidad, pero ni agua para que prolongue la agonía. Quiero morir totalmente viva.

 

Mercedes Bonilla Arandia