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Bipolaridad: ¿enfermedad de genios?
Gabriela Esquivel Márquez
Bipolaridad: ¿enfermedad de genios?
ACTITUD ANTE LA MUERTE

 

Bipolaridad: enfermedad de genios?

 

Conocida como trastorno maníaco - depresivo y en la antigedad ligada a la inteligencia y talento (Beethoven, Van Gogh y Abraham Lincon pudieron haberlo padecido), en la actualidad se le reconoce como una enfermedad mental congénita, mas no hereditaria, cuyos primeros síntomas aparecen durante la pubertad, por lo que inicialmente puede ser confundida con cambios conductuales propios de la adolescencia y juventud.

De manera más acentuada que quienes no padecen esta patología, el individuo enfermo presenta manifestaciones extremas de tristeza y alegría, conocidas como polo depresivo y polo maniaco respectivamente. La persona puede sufrir depresión severa durante una o dos semanas para cambiar repentinamente a la euforia.

Algunos síntomas del polo depresivo son: la falta de interés o placer, en general: sentimientos de tristeza y vacío constante; irritabilidad (principalmente en los adolescentes); pérdida o aumento significativo de peso; cambios en los patrones de sueo (dormir demasiado o insomnio); lentitud en el movimiento y expresiones pausadas; dificultad para concentrarse y para tomar decisiones; fatiga, pérdida de energía, cansancio extremo; sentimientos de culpa, de minusvalía y baja autoestima; pensamientos de muerte o suicidio con o sin plan.

El polo maniaco o eufórico se manifiesta por autoestima exageradamente alta que puede incluir delirios de grandeza; poca o nula necesidad de sueo; hablar demasiado, de forma persistente y muy rápido, casi al grado en que surgen los pensamientos; distracción constante y en cosas sin importancia; aceleración exagerada de los movimientos; incremento de ciertas actividades a grado compulsivo (trabajo, orden, limpieza); actividad sexual de forma anormal y exagerada; comportamiento hostil y violento; realizar actividades en las que se corre riesgo. En esta fase se incrementa la creatividad, por ello se le adjudican ciertos talentos a quienes la padecen.

Existen otros dos ciclos o polos menos comunes, pero igualmente intensos que los anteriores: La hipomanía, que es la antesala de la manía o euforia y no necesariamente se presenta en toda persona bipolar. Su duración es de cuatro días en promedio, no provoca alteraciones sociales u ocupacionales y carece de rasgos psicóticos. El desorden mixto afectivo, que es la manifestación de ambos polos en ciclos rápidos y abruptos. Aunque estos casos no son tan comunes, su tratamiento suele ser más prolongado y complicado.

Los trastornos bipolares se clasifican en dos, de acuerdo a sus características y la presencia de los polos: El trastorno bipolar I, en el que se han presentado uno o más episodios maniacos con o sin episodios de depresión mayor, pero sí de depresiones leves.
El trastorno bipolar II, que se caracteriza por constantes episodios de hipomanía y por lo menos un episodio de depresión mayor. Es el más difícil de diagnosticar puesto que la hipomanía puede aparecer simplemente como un periodo de éxito con alta productividad lo que el paciente suele relatar con menos frecuencia que cuando se sufre una depresión.
Los cambios entre los polos se relacionan, en muchas ocasiones, con eventos y fechas especiales, con momentos de significación psicológica, e incluso con los cambios estivales. Debido a sus características, quienes la padecen tienen un mayor riesgo de mortalidad por suicidio, homicidio, accidentes y enfermedades cardiovasculares.

Se cree que una de las causas de la bipolaridad puede ser la deficiencia de carbonato de litio, sustancia neurotransmisora que no se distribuye adecuadamente a través de los nervios en el cerebro. Tratándose con antidepresivos de nueva generación y anticonvulsantes, también conocidos como estabilizadores del ánimo, pueden recuperarse totalmente y volver a tener una vida plena y normal, de ahí la importancia que el diagnóstico sea correcto desde el principio. Hay que enfatizar que el tratamiento es un proceso a largo plazo por lo que requiere combinarse con psicoterapia individual y grupal con la que el enfermo puede recibir información, orientación y herramientas para identificar síntomas y manejar su comportamiento; adicionalmente se sugiere realizar alguna actividad física moderada, llevar una dieta balanceada y tener actividades recreativas en familia y con amigos, pues ellos son parte esencial en su recuperación.

Por: Gabriela Esquivel Márquez
DF, 2010 - 2011