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El duelo también es cosa de niños.
Verónica Lizeth Marínez Álvarez. Hermosillo, Sonora, generación 2009-2010.
El duelo también es cosa de niños.
ACTITUD ANTE LA MUERTE

 

El duelo tambin es cosa de nios.

 

He tenido contacto con padres que han perdido un hijo en situaciones trágicas. Algunos de ellos aun tienen hijos sobrevivientes. Es poco el trabajo terapéutico que se ha podido llevar a cabo con los adultos, pero me he preguntado Qué hay de esos nios a quien también la vida les está dando esta horrible experiencia?

Las pérdidas se presentan en cualquier etapa del ciclo vital. Sin embargo, factores como la cultura y valores no permiten la expresión de las emociones que la pérdida implica. Cuando se trata de nios la situación suele ser más complicada.

Los padres o más bien los adultos en general, tendemos a proteger a los nios. Pero en el caso de la muerte, ciertamente protegemos a los nios pero más que nada, nos protegemos a nosotros mismos del dolor, del miedo y sobre todo el tener que buscar respuestas a preguntas que hasta nosotros nos planteamos.

Evitar que los nios vayan a los funerales por imposición no por decisión de ellos, usar expresiones como está dormido, se fue de viaje, etc., que aunque pudiesen tener una buena intención, resulta una confusión para el nio.

Es desde entonces como se va generando un tabú y miedo a cualquier cosa relacionada con la muerte, ya que la mayoría de las veces decimos él o ella no tiene porqué saber esas cosas, no son para nios.

En contraste, vemos que muchos juegos, programas y películas infantiles manejan el tema de la muerte de manera directa, algunos con un concepto fantástico, otros un tanto más realista, pero los hay más con alto contenido violento.

Además, vemos que los menores tienen a su alcance información sobre los hechos violentos de actualidad mediante internet, televisión e incluso con otros nios en los salones de clases. Accidentes o asesinatos están a la orden de día, y el índice de muertes infantojuveniles por dichas causas ha ido en aumento, y las cifras y descripciones de tales hechos viajan a través de esa enorme red informativa que muchas veces viene tergiversada por el amarillismo y la crudeza en detalles.

Por consiguiente, y ante la carencia de formación y soporte familiar e incluso de su medio escolar relacionada con la vida y la muerte, los nios generan creencias basadas en el miedo y el rumor. Un ejemplo de ello es lo que se originó con el caso de la nia Paulette Guevara.

Ante un circo de medios donde hubo diferentes especulaciones sobre la causa de la muerte de la nia, donde se involucró a los propios padres, provocó que en algunas escuelas, los maestros y otros padres detectaran nios que temían irse a dormir por no saber si les podría pasar algo como a Palutte.

En el caso de Hermosillo, se vivió una situación similar ante la tragedia vivida el 5 de junio en lo que fue la guardería ABC. Vecinos de la comunidad Y griega, donde estaba ubicada la guardería, expresaron que los nios temían que los bebés fallecidos vinieran a asustarlos.
El concepto de muerte se maneja entonces entre cifras y leyendas urbanas, por lo que se aleja cada vez más de la naturalidad como parte del ciclo vital.

Esto nos indica de la necesidad imperante de abordar estos temas con los nios. Es claro que la realidad no podemos cambiarla, pero la concepción que ellos se hagan de la misma sí. La información que se les brinda a los nios ha de ser adecuada a su edad pero no disfrazada. No podemos dibujarles un mundo de fantasía porque tarde o temprano la realidad se hará más evidente.

La familia como núcleo de la sociedad es el seno de la formación de los nios, entonces lo ideal es que sea en ella donde los menores obtengan la orientación que necesitan, reforzándose en el ámbito escolar.

Esto dependerá mucho de la edad del nio. Los nios menores de 4 aos no comprenden el concepto de muerte, pero sentirán el impacto emocional de sus familiares en duelo, y en caso de que uno de sus padres haya fallecido, la ausencia la resentirá en términos del abandono y apegos hacia él.

Un nio en edad preescolar puede entender algo sobre la muerte, pero la vivirá más bien como una especie de sueo y, posiblemente, crea que la persona fallecida volverá, es un concepto fantasioso.

Esta percepción fantástica se mantiene durante un tiempo, sin embargo, cuando crece pueden comprender su mortalidad, aproximadamente a los seis aos hay nios que pueden tener miedo a morir. Poco a poco y con el apoyo de personas cercanas podrá formarse un concepto real de la muerte, el cual implica la comprensión de la irreversibilidad la persona no vuelve- y universalidad a todos nos pasará-.

Una manera de apoyar en este proceso, es el ofrecerle la oportunidad de preguntar sobre todo aquello que le inquiete. El adulto necesita explicarle que ellos no tienen la culpa de lo sucedido. Tampoco hay que tener miedo a decir no sé. Si no se siente listo para hablar del tema con el nio, otro adulto significativo para ellos puede hacerlo.

Es importante evitar los eufemismos con los que encubrimos la realidad de la muerte: está dormido, viaje o sueo eterno, ya que además de ocultar la verdad, son conceptos muy abstractos para ser comprendidos por el nio, quien asume lo que vive en términos literales o muy concretos. Vale más decir que la persona ha muerto y que por ello no la veremos más, rodeando de afecto al menor que es lo más importante en esos momentos.

Otro aspecto relevante es que no se oculten los sentimientos, ya que el nio percibe las emociones de su entorno y al ver que el adulto los reprime, entenderá que es algo malo. La persona debe validar el dolor del nio y el de sí misma. Es completamente válido el decir al menor que se siente triste porque la otra persona no está y que es normal si él también se siente así, así mismo con cualquier emoción.

En cuanto a los rituales, los nios también pueden y es ideal que participen, sobre todo los que están en edad escolar, salvo que ellos mismos se nieguen - de lo cual habría que ver más adelante la razón y abrirse al diálogo-. También se pueden hacer pequeos rituales de despedida en casa, de manera que el nio vaya asimilando la ausencia de esa persona y sus emociones ante ello y al mismo tiempo cerrar ciclos.

En un ambiente amoroso y cálido, el proceso será más sencillo. Otra forma de ir abordando el tema de la muerte con los nios es en el ámbito escolar, para lo cual los maestros necesitan tener una apertura al tema y sobre todo sensibilidad.

Es importante destacar que educar para la vida y la muerte es una labor diaria, no sólo hasta que se presente la pérdida. Los nios pueden aprender lo que es un ciclo vital, que todo aquello que nace morirá, no sólo los seres vivos sino las relaciones que vayan teniendo en su vida cambian. La finalidad no es generar ansiedad sino consciencia, fomentar valores reales de cuidado personal y del mundo que le rodea.

Cuando se trata este tema, al mismo tiempo lo preparamos para cualquier pérdida que enfrenten en sus vidas, ya que perder no solo implica la muerte de un familiar. Algunos nios también sufren ante el divorcio de sus padres, cuando pierden relaciones de amistad, cuando pierden o muere su mascota, cambios de casa o escuela, perdida de objetos de valor, que aunque algunos pudiesen considerar como de menor importancia, tienen gran impacto emocional.

El negar a los nios la oportunidad de conocer de cerca y de manera objetiva la muerte y sus implicaciones es negarles el derecho de crearse un concepto propio y sobre todo, la libertad de sentir y valorar la vida misma. Concluyendo, la educación para la vida no puede excluir la única verdad absoluta que tenemos: la finitud de la misma.