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Ser Padre
Óscar García Bada
Ser Padre
ACTITUD ANTE LA MUERTE

 

SER PADRE

 

El título de esta colaboración, tiene connotaciones varias:
Ser Padre: El hecho de serlo.
Ser Padre: El humano y su función.
Ser Padre: Persona “buena onda”
¿Cuál de estas tres acepciones se debe adoptar cuando se tiene un hijo?
Como tradicionalmente en este país sucede, este mes celebraremos una vez más –como tantas cosas que celebramos- “El día del Padre”. Para muchos será motivo de alegría poder de manera especial, ese día, estrechar y honrar a quien durante una etapa de su vida (la del padre) fue o es el responsable en todos los sentidos de su vida (la del hijo). Para otros, éste se convertirá en un día de recuerdos, de evocaciones de las vivencias con un hombre que aún cuando ya físicamente ese día no esté, se honrará también de alguna manera según las costumbres y tradiciones familiares.
 Pero seguramente también habrá para quienes este día no represente absolutamente nada o hasta quizá sea una celebración que nunca conmemoraron, ya que nunca supieron qué era honrar a un hombre por sus buenas acciones y su desprendimiento de afecto y amor hacia ellos. Y, lo que todavía es peor, que este día para muchos será motivo obligado para recordar a un ser despreciable (vivo o muerto) y odiado.
Me resulta imposible necesariamente hacer un panegírico al Padre, pues no atendería a una realidad social que desgraciadamente se vive y se vive cotidianamente, así pues que se me ocurre entonces plasmar en esta deliberación, una profunda reflexión sobre la importancia y la huella que deja un padre en la vida de sus hijos.
Genéticamente, los hijos heredan de su padre aspectos físicos, pero también de su temperamento. A través de la presencia y convivencia diaria con éste, los hijos también son en su carácter dotados de una buena dosis de la personalidad del progenitor. Cada acto de éste deja profunda marca en la vida del hijo, cada experiencia vivida con él, representa un hecho que influirá en la vida del heredero. Es por ello, que la misión de ser padre es una tarea delicada, un quehacer que no puede tomarse a la ligera pues no se está haciendo figura en un objeto sino en una vida que el día de mañana será ésta quien influya en otra… y es así como se van formando las generaciones, las relaciones humanas y la cultura de una sociedad.
Es el padre entonces un factor de cambio, es la figura misma de la educación, tiene en sus manos como una responsabilidad y una obligación el no dañar esa vida que responsable o –en su caso- irresponsablemente ha traído a esta existencia y que al incorporarse merece recibir lo mejor de ella: amor, amor y más amor; traducido éste en educación, en escuela, en recreación, en libertad, en respeto a su autonomía, en la procuración de su dignidad como ser humano, en trabajo, en su reproducción misma y hasta en su muerte.
Ser padre es una maravillosa práctica, lo afirmo por experiencia propia, quienes hemos sido “engrandecidos” con este hecho, debemos procurar la práctica de valores, dones y virtudes que nos permitan dejar en esta vida seres valiosos, que se solidaricen con sus prójimos, que se miren en el mundo como parte de él, que se sepan y se acepten como parte de la naturaleza misma y que por ende procuren en todo momento por ella.
Aunque no me siento autoridad para afirmar todo lo anterior, pues como padre cometí cientos de errores y horrores, sí como un hombre que en su madurez cronológica y con el producto de la experiencia obligadamente absorbida en 55 años, desea pugnar porque los padres del mundo siempre vean en sus hijos un compromiso y para que cada quien dentro de sus posibilidades y entorno, sean ese factor de cambio que nos permita hacer de este mundo, un mundo de seres amalgamados en su propia naturaleza que luchen denodadamente por alcanzar el objetivo supremo del hombre: la felicidad.
¿Utopía?